“El Puente”
En el presente ensayo se le denominará a “El Cielo” como el lugar glorioso, el éxtasis, lo máximo supremo insuperable, lo ¡superwoooow!, la crema innata de la crema y nata. Y por otro lado se le denominará a “La Tierra” como a todo lo contrario.
Entre “El Cielo” y “La Tierra” existe un puente invisible que, pasado cierto tiempo termina por transportarnos queramos o no a “El Cielo”. (Se supone que los de “El Cielo” ya están quietecitos.) Es un puente muy solicitado en el que, los que están abajo suelen querer estar arriba. (No, no me refiero a las preferencias en las posiciones sexuales). A los terrestres no se les olvida esa costumbrita celestial. Al parecer nunca pasan de moda las probaditas de cielo. (Si, como las del queso Philadelphia.)
Hay estándares que nos indican la manera correcta de probar “El Cielo”. Existen ciertos límites que respetar para lograr ese vínculo paradisíaco entre “El Cielo” y “La Tierra” sin morir en el intento. Vamos aclarando antes de que nos agarremos a trancazos que hablaremos acerca de “Los Horrores” del paraíso terrenal. ¿O acaso serán los del paraíso celestial? No importa, vamos hablando un poco acerca del paraíso y punto.
Suele pensarse equivocadamente que uno deja “La Tierra” al establecer un vínculo a través del mencionado puente y levita de maneras sorprendentes y alcanza a tocar… ¿a quién? ¡Correcto! alcanza a tocar a “El Cielo”. Yo me pregunto si en realidad no será lo contrario. Los estándares nunca hablan acerca del lugar de partida. Quizás sea que “La Tierra” en realidad es “El Cielo” y cuando estamos en ese momento de delicia nos acercamos a “La Muerte”, que diga… a “La Tierra”.
Volviendo a los estándares, tenemos por ejemplo el límite del tiempo. Si uno se pasa de tueste se le queman las habas (A falta de referencias bibliográficas me remito a la voz de la experiencia, ¡gracias Abuela!) Por otro lado, si no es suficiente el roce con “El Cielo” puede llegar a causar lo que en términos paradisíacos se le denomina como “El Horror”.
Los Horrores toman diversas formas. Los existen del tipo carnal: mezcolanza en el juego de los amantes ocasionada por la falta de sincronización en la que uno llega a “El Cielo” y el otro… y el otro no. El otro se queda en “El Infierno”. Perdón, perdón, el otro se queda en “La Tierra”. Otro horror muy común es el del tipo económico. En este tipo de horror los terrestres buscan comprar ese pedazo de “El Cielo” y no falta quien se los quiera vender. Y es que en verdad el descaro de vender pedazos de “El Cielo” es muy común. Yo sigo insistiendo que deberían de preguntarse los vendedores si mejor debieran de vender pedazos de “La Tierra”. Al fin y al cabo vender pedazos terrenales si se puede contar. O bueno, eso es lo que estamos acostumbrados a hacer para acumular pedazos de… “El Cielo”… ¡Que Horror!, mejor me pondré a buscar “El Puente”.