Delicia escondida

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¿La cerilla da asco? Pues no me la comería, pero me da menos asco que por ejemplo la saliva o el sudor. Ahora bien no me gustaría estar impregnado de cerilla por toda la piel después de hacer ejercicio. Tampoco me gustaría cerillar por la boca. Imaginen un escupitajo de cerilla: Demasiado pesado, definitivamente una broma de mal gusto.

Recientemente la cerilla me creó un tapón. Bueno dos, uno en cada oído. Ese no era tanto el problema, el problema fue que uno de ellos se infectó. Yo insistía e insistía en que debía visitar al otorrinolaringoloyameperdí. Pero mi madre y mi abuela me ofrecieron recetas ancestrales místicas como la de la ruda. Una planta que en mi vida podría reconocer. La tomó y la hirvió. Se hizo un jugo verde que supuestamente me sanaría. No fue así.

En las noches comencé a sentir una molestia, me era imposible dormir del lado del oído malo si no me lo tapaba. Así que me acostumbré a dormir del otro lado. Pasó el tiempo y la molestia siguió.

Fue entonces cuando después de tanto insistir, pude visitar a ese señor cirujano reconstructor de narices y otras cosas. Me hizo algunas preguntas, revisó con un aparatejo mis aparatos auditivos y procedió a hacer una limpieza profunda. No puedo describirlo, en verdad no puedo. Con una especie de cuchara super delgada fue retirando la delicia escondida. Que diga, los tapones de cerilla. La delicia fue sentir las paredes de mis oídos limpias, el roce con el metal provocaba sonidos magnificados. Como raspar un duvalín, por las orillas, para sacar el contenido multicolor. Fue una de las limpiezas más orgásmicas que he sentido.

Sobre el autor

Jos Velasco es desarrollador web y participa en múltiples proyectos culturales. Contáctalo.

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