Sobre la película Elsa y Fred

Publicado en Cine

Elsa (China Zorrilla) es una viejita mentirosilla, manipuladora y despistada argentina. Fred (Manuel Alexandre) es un español viudo que se muda al mismo edificio que ella. Los dos ancianos comienzan a conocerse y entre ellos nace un romance que ven como la última oportunidad de ser felices.

Tragicomedia dirigida por el argentino Marcos Carnevale. Coproducción hispano-argentina.

Elsa es una mitómana manipuladora, pero sobre todo despistada. Yo no diría que atolondrada pues vive en otro mundo que construye en su mente. Uno que  no concuerda con la realidad de quienes la rodean.

Consigue lo que quiere sin esforzarse mucho mediante mentirillas piadosas. No es que abuse de los demás, es más bien un poquito irresponsable. El dinero no es gran problema para ella pues lo consigue fácil. Es definitivamente la actriz central de la película. Siempre en movimiento.

Alfredo es un viudo manipulado por su hija, a quien mudan a Madrid luego de la muerte de su esposa. Es lento y realmente no ha vivido, está sin estrenar. Es muy hogareño y dice que no a las invitaciones que se le proponen. Una forma de ver qué tan amargado está el hombre es dándonos cuenta de que incluso a la diva de Elsa, la experta en las cosas de la vida, le cuesta mucho trabajo convencerlo de un encuentro.

Yo creo que Elsa era feliz a pesar de su enfermedad silenciosa. Nos enseña que ni el dinero ni las peleas son grandes problemas. Hasta el propio Fred tuvo que verla saliendo del hospital para darse cuenta de que algo andaba mal.

Cuca, la hija de Freddy, tiene la intención de ayudarlo pero se mete demasiado en su vida. El esposo de Cuca sabe que su suegro tiene dinero y decide que sería bueno invertirlo en un negocio. El problema es ese, que todos quieren aprovecharse de la situación económica del viejito.

Elsa es una verdadera actriz, pues vive pensando que lo es y que lo fue, con un gran sueño. Gracias a que sabe lo que quiere consigue que le crea quien sea. Así le creyó su hijo al confiarle el cheque (el dinero se lo dio a su otro hijo intento de artista). Le creyó Alfredo quien a pesar de sus mentiras redescubrió el amor. Le creyeron en la calle: ¿Quién iba a desconfiar de un par de viejitos en un restaurant? Por último se creyó ella misma, pues sus historias eran su propia realidad. Dejaba de creer en ellas hasta que algún tercero la delataba en sus incoherencias.

Logra que el espectador se olvide que son mentiras lo que cuenta y que quien las cuenta es una viejecita. Su lucidez provoca simpatía, ternura y gracia.

De nuevo, tengo que recalcar que sabe lo que quiere: Cumple su sueño de viajar a Roma para conocer la Fontana de Trevi. Alfredo invierte en su felicidad, en vez de desperdiciar el dinero con su yerno. ¿Cuántas veces invertimos en lo que realmente nos hace felices?

Cuando parecía que lo más difícil era ir a Roma, Elsa siguió con su papel de la amada consentida pidiéndole todos los detalles posibles para representar la escena de La Dolce Vita de Federico Fellini. Ni después de muerta se conocieron todas sus verdades, pues el enamorado Fred, al contemplar la tumba de Elsa con una enorme sonrisa, descubre que mintió también sobre su verdadera edad.

La vida es ser quien quieres ser. No ser lo que los demás quieren que seas. Así podemos ver cómo este par de personas tomaron las riendas de su vida, que parecía ya había terminado, para comenzar su más grande aventura y felicidad.

Sobre el autor

Jos Velasco es desarrollador web y participa en múltiples proyectos culturales. Contáctalo.

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