Señor Formal

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  • Señor Formal fue antes Formal que Señor y antes de eso fue joven.
  • A Joven Formal nunca le simpatizó la informalidad efervescente de la adolescencia.
  • Nunca llegaba tarde. Nunca tenía excusas. Nunca prometió algo que no estaba seguro de poder cumplir.
  • Era un joven de palabra, aunque esto provocaba que nunca dijera nada.
  • Así fue hasta que un día decidió hablar y hablaría de formalidades.
  • Un día caluroso de marzo, en pleno apogeo hormonal,  se levantó de su pupitre.
  • Con la voz más grave que pudo (los gallos son informales) pidió a sus compañeros que de ahora en adelante lo llamaran Formal.
  • En el laboratorio de biología lo llamaban formol.
  • En español formulario.
  • En matemáticas y física le decían el formulero-lero.
  • In english he was known as form, shape, mode, config, perform
  • En informática formateador.
  • En ciencias sociales era políticamente conocido como el formalista.
  • Harto de tanta informalidad, decidió no ser tan formal.
  • Y luego sí, cuando decidió cambiar su nombre a Formal.
  • Logró constituir razones lógicas, legítimas, serias y atendibles para modificar el nombre asentado en su acta de nacimiento.
  • Adulto Formal se convirtió en Señor Formal el 1 de enero de 2009 (GMT) al cumplir los requisitos de cambio de nombre.
  • Informalmente le pasó un billete de a quini al Lic. Actas Certificadas.
  • Su madre piensa que sería formidable que formalizara su relación con su novia.
  • Según ella, Señor Formal es serio, educado y cumplidor.
  • Según su novia no tanto.
  • Su formación física, militarmente en forma, no es suficiente cuando no hay chispa y todo es cuadrado.
  • Gracias a la terapia a la que informalmente lo sometieron con la psicóloga bombón, Señor formal se propuso sentirse menos formal.
  • Por un tiempo, formalizó su esfuerzo por volverse informal.
  • Pidió a los demás que le recordaran si alguna vez quedó de ser formal con ellos.
  • Como la mayoría de la gente es informal, terminó por ser informal.
  • Luego no le gustó y se compró una agenda. Bueno, dos.
  • En la de papel anotó de todo, incluso hasta la agenda del día de sus reuniones menos formales.
  • ¿Por qué no puedo tener una pluma formal? – refunfuñaba.
  • Terminó por creerle más a su agenda de papel que a la otra.
  • A su vez, confiaba más en su electrónica que en la gente.
  • De todos modos anotaba todo en las dos, aunque ya hubiera olvidado para qué lo hacía.
  • Siempre terminaba por darse cuenta de que no necesitaba, ni una ni otra.
  • Todo lo guardaba en su cabeza de manera formal.
  • ¿Por qué no nos hacemos menos formales? – se mentía frente a su rectangular espejo.

Sobre el autor

Jos Velasco es desarrollador web y participa en múltiples proyectos culturales. Contáctalo.

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