Me gusta más subir montañas que caminar


Apenas he podido subir unas cuantas montañas pero rápido me he dado cuenta que representan mucho para mí.

En una salida reciente a la barranca de Huentitán, esta se extendió más allá del plan original. No estuvo nada mal pues terminamos comiendo en el restaurante de un criadero de pescados que parecía un paraíso en medio de la nada.

Me di cuenta de que no es lo mío atravesar pueblos caminado, al menos no bajo el sol de una carretera.

Hay cosas del senderismo muy padres, pero incluso en el mismo paseo que tuvimos las que más disfruté fueron aquellas subidas un poco más parecidas a la inclinación de las montañas.

Me gusta subir, que me cueste, sentir cómo se quema la energía y controlar la respiración y el ritmo cardiaco.

En las caminatas largas, a menos de que sean breves, o en lugares muy hermosos, me suelo aburrir.

Apenas me estoy asomando a lo que implica ser montañista y me está encantando. La preparación, el presupuesto, el viaje, el traslado.

El traslado no me encanta pero a veces puedes dormir.

Las bajadas no me gustan tanto pero después de ellas vienen muy buenos momentos también.

Cierro con algo que escuché en el hostal para montañistas donde pasaremos la noche. Llegó a la hora de nuestra cena un grupo que apenas iba a partir a su montaña para amanecer en ella: buenos días, dicen y rápido se corrigen. Buenas noches. A lo que proceden a tomarse su café para llegar despiertos mientras nosotros nos dirigimos a descansar.

Es otro mundo y me está gustando mucho.

Jos.

Diarios de cuadritos (27 de 30)

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