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Ogro Choco

Las piedras, los terrones de avena con chispas de chocolate, eran devorados por el ogro. Sus fauces arrasaban las integrales montañas causando derrumbes gastronómicos. Barrancas de harina se formaban entre sus colmillos. Se convertían en precipicios mortales los huecos ahora rellenos de masas amorfas. Sobre el suelo había llovido el maná proteínico, los miniatura fueron aplastados por el diluvio de avena, sofocados por el salvado, asfixiados por la manteca, cegados por la azúcar… nunca pensaron sus diminutos cuerpos que la canela sería su perdición.

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