Trepacerros


En la pandemia después del encierro total, nos unimos a la gente que se asoma al aire más libre, donde los cubrebocas no sirven de nada.

Una vez hace mucho, un compañero se burló de lo que quería estudiar, me dijo que era un “computeto”.

Me hizo enojar, el cabrón. Creo que lo que me dio coraje fue que provenía de un ñengo, de un flacucho de cinco pesos.

Después de un tiempo, la gente “normal” terminó usando computadoras hasta en su bolsillo y ahora hasta en su muñeca. Y ya vienen los lentes.

Lo cierto es que trabajar en informática de la manera en la que lo hago me ha dado una flexibilidad increíble para acomodar mis horarios.

Trepar cerros, montañas, volcanes, se ha vuelto rápidamente en una de mis actividades favoritas.

Hacer cumbre y la mamada.

El camino es más importante que la meta. A veces.

Porque ponle y es muy cagado cuando llegas a donde pocos han logrado y las otras personas no saben qué hacer.

Un colega empezó a comerse su sándwich en el punto más alto del volcán, muy en su pedo, en una de las sombritas.

Calladito y sin hacerla de pedo.

Tampoco hace falta llevar tu banderita a todos lados.


Creo que el senderismo no es tanto para mí. Hasta ahora me gusta más subir en diagonal poco a poco, romper el hielo con los crampones y aclimatarme.

Sí me gusta caminar pero me gusta más trepar. Como la definición de un montañista, en 45 grados.

Las vistas son increíbles arriba, la comida sabe deliciosa, el silencio recompensa.

Y en un abrir y cerrar de ojos sigue el regreso, la bajada, el deslizamiento en los arenales.

Y luego más premios, como la comida y la buena plática.

Jos.

Diarios de cuadritos (20 de 30)

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